Personaje
Publicado el noviembre 11, 2025 | 3:00 pm

En el Día del Veterano Mendoza es orgullo dominicano

En el vasto mosaico de historias que componen a los veteranos de Estados Unidos, algunas brillan con una fuerza particular porque nos recuerdan que el servicio a esta nación no entiende de fronteras. Ese es el caso de Víctor Manuel Mendoza, un dominicano cuyo camino, desde una isla caribeña hasta los pelotones de Vietnam y las calles de Nueva York, encarna una épica digna de reconocimiento nacional.

Cada placa cuenta una historia. Y la suya, forjada entre deber, sacrificio y comunidad, resume lo mejor del espíritu inmigrante que ha fortalecido a este país durante generaciones.

Mendoza nació en la República Dominicana, tierra de raíces profundas y migración poderosa. A los 11 años, como miles de caribeños, llegó a Nueva York en busca de oportunidades. Se enfrentó a lo que tantos niños inmigrantes conocen demasiado bien; un idioma desconocido, una cultura que exigiría adaptación inmediata y un vecindario neoyorquino que no siempre esperaba con los brazos abiertos.

Mientras otros adolescentes aún descifraban quiénes querían ser, Mendoza tomó una decisión que cambiaría su vida y, en gran medida, la vida de quienes después dependerían de su servicio; se enlistó para ir a Vietnam.

En el Sudeste Asiático vivió la crudeza de la guerra. Pero también encontró los pilares que sostendrían cada paso posterior, disciplina férrea, lealtad inquebrantable y la capacidad de mantener claridad bajo presión extrema. Estos valores militares no se quedaron en el uniforme; se volvieron parte de su carácter.

De vuelta a Estados Unidos, Mendoza enfrentó una transición compleja: reintegrarse en la vida civil en una América post-Vietnam que no siempre recibió a sus veteranos con justicia ni gratitud. Sin embargo, él volvió a levantarse.

Su siguiente capítulo lo llevó a otro frente de batalla: la seguridad pública en la ciudad más desafiante del mundo. Mendoza ingresó al Departamento de Policía de Nueva York (NYPD) y, con el tiempo, ascendió como detective, enfrentándose a los turbulentos años 80 y 90, marcados por violencia urbana, tensiones raciales y un sistema que exigía temple y compromiso.

Para un inmigrante dominicano no era solo un trabajo: era una responsabilidad doble. Servir a la ciudad, sí, pero también representar a una comunidad que necesitaba verse reflejada en sus instituciones.

En agosto de 1993, Mendoza dio otro paso visionario: cofundó la New York Dominican Officers Organization (NYDO). La misión era clara: crear una representación positiva, un puente entre el NYPD y la creciente comunidad dominicana en Estados Unidos.

La NYDO no fue solo una organización; fue una respuesta al vacío. Proporcionó mentoría a jóvenes, mejoró las relaciones comunitarias y ayudó a desmontar estereotipos. Su existencia mostró que los dominicanos no solo formaban parte de Nueva York: también la protegían.

Hoy, ya pensionado, Mendoza reside en Florida junto a su esposa, la doctora colombiana Patricia Hasbún. Aunque su servicio activo concluyó, los valores que lo guiaron en la guerra, en la calle y en la comunidad siguen siendo el faro de su vida.

La historia de un niño que llegó sin saber inglés y terminó defendiendo a un país adoptivo que hizo suyo, es un recordatorio poderoso de lo que significa el Día del Veterano. No todos los héroes nacen aquí, pero todos los que sirven con honor hacen de este país un lugar mejor, Víctor Manuel Mendoza es uno de ellos, un ejemplo de disciplina, lealtad y servicio, un veterano dominicano cuya trayectoria honra a esta nación.