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Por Paola Arvelo asesora y experta en finanzas
En la República Dominicana, hablar de dinero sigue siendo, para muchos, un tema incómodo. Sin embargo, la falta de conversación sobre las finanzas personales tiene un costo alto, tenemos en frente a una generación que envejece sin seguridad económica ni planificación para su retiro.
Durante años, hemos normalizado vivir al día, financiar el consumo con préstamos y ver el ahorro como un lujo inalcanzable. Según datos de la Superintendencia de Pensiones (SIPEN), más del 70 % de los afiliados al sistema previsional cotiza con salarios inferiores a los 30 mil pesos, lo que limita cualquier posibilidad de ahorro o inversión complementaria. Y lo más preocupante es que, una gran parte de la población activa no cuenta con una estrategia financiera que le permita enfrentar los años posteriores al retiro con dignidad.
La realidad es sencilla, pero dura. El costo de la vida aumenta constantemente, mientras los salarios se mantienen estancados. La falta de educación financiera nos lleva a cometer errores que parecen pequeños, por ejemplo, usar la tarjeta de crédito para cubrir gastos básicos, asumir deudas innecesarias, no llevar control de los ingresos, que con el tiempo se convierten en una bola de nieve que sepulta cualquier posibilidad de estabilidad futura.
El resultado de todo esto se refleja en las cifras que reflejan el monto promedio de las pensiones en el país apenas cubre entre el 60 % y el 80 % del salario que una persona recibía durante su vida laboral. Esto significa que muchos jubilados deben reducir su calidad de vida o depender económicamente de sus familiares.
Pero más allá de las estadísticas, hay una realidad humana detrás. La falta de planificación financiera no solo afecta el bolsillo, sino también la salud mental y emocional de quienes llegan a la vejez sin un sustento adecuado. Vivir con la incertidumbre de no saber si el dinero alcanzará para cubrir los gastos básicos es una carga que ningún adulto mayor debería llevar.
Es urgente promover una cultura de educación financiera, desde las escuelas y universidades, que enseñe a los jóvenes el valor del ahorro, la inversión y la planificación a largo plazo. Del mismo modo, el Estado y el sector privado deben trabajar juntos para fortalecer el sistema de pensiones y ofrecer incentivos que estimulen la previsión económica.
Planificar la vejez no es un acto de egoísmo, sino de responsabilidad. Es pensar en el mañana con la madurez que exige el presente, y actuar hoy con la conciencia de que cada decisión financiera es una inversión en tranquilidad futura. No hacerlo, como sociedad, nos condena a repetir el ciclo de la precariedad. El Estado, las empresas y cada ciudadano tienen una cuota de responsabilidad en construir un sistema económico más justo, sostenible y humano. Envejecer con dignidad no debe ser un privilegio reservado para pocos, sino un derecho alcanzable para todos los dominicanos.