
El 11 de septiembre de 2001 quedó grabado en la historia de Estados Unidos como el día en que el país sufrió el mayor atentado terrorista de su historia. Mientras los ataques ocurrían en Nueva York y Washington, el entonces presidente George W. Bush se encontraba en una escuela primaria de Florida, donde protagonizó una de las imágenes más recordadas de aquella jornada.
Bush había viajado hasta la escuela Emma E. Booker, en Sarasota, para participar en una actividad relacionada con la educación. Poco antes de las 9:00 de la mañana recibió la noticia de que un avión había chocado contra una de las Torres Gemelas. En ese momento, el mandatario creyó que podía tratarse de un accidente.
La situación cambió minutos después. A las 9:05 a. m., mientras permanecía sentado frente a estudiantes de segundo grado que leían en voz alta el cuento infantil The Pet Goat, el jefe de gabinete Andrew Card se acercó y le comunicó discretamente que otro avión había impactado la segunda torre y que Estados Unidos estaba siendo atacado.
La expresión de Bush cambió de inmediato. El presidente permaneció sentado durante varios minutos, mientras los niños continuaban con la lectura. Después salió del salón para reunirse con sus colaboradores y comenzar a responder ante la crisis que se desarrollaba en distintos puntos del país.
Aquella escena, captada por los periodistas y fotógrafos que acompañaban al mandatario, se convirtió con el paso de los años en uno de los momentos más simbólicos del 11-S.
Años después, Bush explicó que en aquel instante no tuvo demasiado tiempo para asimilar la magnitud de lo que estaba ocurriendo. Sin embargo, entendió que su responsabilidad era proteger a los niños que tenía delante, a sus familias y al resto de la población estadounidense.
El episodio en aquella escuela de Florida marcó el comienzo de una de las etapas más trascendentales de la presidencia de Bush y de la historia reciente de Estados Unidos.