

Santo Domingo.- En conmemoración del Día Nacional de las Zonas Francas, que se celebra cada 12 de agosto en el país, la Asociación Dominicana de Zonas Francas (ADOZONA) presenta una lectura franca sobre el sector que, durante más de cinco décadas, ha sido un pilar del empleo formal, la inversión extranjera directa y la inserción de la República Dominicana en las cadenas globales de valor.
Este articulo parte del complejo momento que atraviesa la industria: uno de resiliencia demostrada, pero también de desafíos que exigen una respuesta articulada entre el sector público y el sector privado.
Un sector que ha demostrado resiliencia

El régimen de zonas francas dominicano ha sido, históricamente, sinónimo de estabilidad y capacidad de adaptación. Frente a choques externos —desde crisis financieras globales hasta la pandemia— el sector ha respondido con flexibilidad, diversificación productiva y una institucionalidad que ha dado confianza a los inversionistas. Esa resiliencia se mantiene vigente: las exportaciones del sector continúan mostrando un comportamiento positivo, aunque con un ritmo de crecimiento limitado, al contrastarlo con las tasas de expansión más dinámicas registradas en años anteriores.
Los datos del primer semestre de 2026 confirman esta tendencia. Las exportaciones acumuladas crecieron en valor un 3.7% respecto al mismo período del año anterior, mientras que la cantidad de contenedores de exportación de zonas francas presentan una reducción durante los primeros seis meses del año.
Este comportamiento de las exportaciones debe interpretarse como una llamada de atención.
Un sector que representa el 55% de las exportaciones nacionales y que genera más de 200,000 empleos formales directos, no puede permitirse una desaceleración sostenida sin que ello repercuta directamente en la generación de divisas, el empleo formal y, en última instancia, en la sostenibilidad económica y social del país.
Un entorno internacional y local más desafiante
El escenario actual plantea retos concretos, tanto externos como internos, que inciden directamente en la competitividad de las empresas instaladas en los parques industriales del país.
En el plano internacional, la imposición de un arancel del 12.5% por parte de Estados Unidos —nuestro principal socio comercial y destino de la mayor parte de nuestras exportaciones de zonas francas— representa un encarecimiento directo de los productos dominicanos en ese mercado, con el consecuente riesgo de pérdida de competitividad frente a otros orígenes de producción que actualmente accesan al mercado estadounidense con menores tasas arancelarias, incluso a tasa 0% como es el caso de México. Esto es un problema estructural y urgente de resolver.
En el plano local, la situación del mercado cambiario ha encarecido el hacer negocios en la República Dominicana, afectando la estructura de costos operativos de las empresas exportadoras y reduciendo, en términos relativos, el atractivo del país frente a otros destinos de inversión de la región.
La combinación de ambos factores, un arancel adicional en el principal mercado de destino y un entorno cambiario que encarece la operación local, configura un escenario de doble presión sobre la competitividad del sector, en un momento en que la disputa por la inversión y por cuotas de participación en el mercado internacional se ha intensificado.
La pérdida de participación en el mercado internacional: una señal que no podemos ignorar
Un dato que debe orientar la conversación nacional es que, en varios de los principales rubros de exportación de zonas francas, la República Dominicana ha venido perdiendo participación relativa en el mercado internacional. Esto no es un fenómeno aislado ni exclusivamente atribuible a factores externos: refleja también la necesidad de acelerar procesos de modernización, diversificación de mercados y productos, y fortalecimiento de la competitividad estructural del país frente a otros orígenes de manufactura que han ganado terreno en los últimos años.
Sostener el liderazgo dominicano en sectores como dispositivos médicos, electrónica, textiles y confecciones, pieles y calzados, tabaco, manufacturas diversas y servicios de exportación, exige una revisión honesta de los factores que inciden en nuestra competitividad relativa: costos operativos, logística, disponibilidad y formación de talento humano, infraestructura y agilidad regulatoria, entre otros.
Un llamado a la acción conjunta
El sector de zonas francas ha sido, y continúa siendo, uno de los principales motores de la sostenibilidad económica y social de la República Dominicana. Pero sostener ese rol en un contexto internacional más competitivo, con mayores aranceles para acceder al principal mercado de exportación y un entorno local más costoso, exige que el Gobierno y el sector privado trabajen de manera coordinada, con una visión de mediano y largo plazo, y con la urgencia que demanda la pérdida de participación que ya estamos observando en algunos de nuestros principales mercados.
Desde ADOZONA reiteramos nuestra disposición a seguir siendo un socio activo en esta agenda. En este Día Nacional de las Zonas Francas, celebramos más de cinco décadas de contribución al desarrollo del país, y renovamos nuestro compromiso de trabajar junto al Estado dominicano para que el sector aumente su ritmo de crecimiento y siga siendo uno de los pilares fundamentales del desarrollo económico y social de la República Dominicana.